En resumen: el arte de jugar (sin perder la cabeza)
- La elección del juego depende, sí o sí, de leer al grupo y sus perfiles tan variopintos (y a veces, impredecibles)
- La mezcla de clásicos y novedades inesperadas impide que el aburrimiento tome la mesa y que el polvo gane la batalla.
- El ambiente se transforma cuando las reglas se adaptan, narices se arrugan y el caos es bienvenido: cada partida, una historia.
Empieza la danza: tableros desplegados, fichas por doquier y carcajadas saltando por la mesa. De repente, ya no hay comedor ni despacho, solo un territorio neutral donde generaciones y personalidades se encuentran. Todo por culpa –o bendición– de los juegos de mesa, esos artefactos capaces de borrar la distancia, despertar la mente y hasta salvar tardes que pintaban aburridas. ¿Quién dijo que elegir uno era tarea fácil? La caza del título ideal no se detiene nunca; unos buscan emociones fuertes, otros lo suyo son las risas tontas, alguien sueña con misterios imposibles… ¿Alguna vez un juego de mesa ha resuelto una discusión familiar? Tal vez. ¿Ha convertido amistades casuales en duelos eternos? Seguro. Las modas pasan, llegan apps, tableros virtuales o miniaturas con detalles tan finos que dan miedo tocarlas, pero al final el meollo sigue en mirarse a los ojos, en tramar alianzas y romperlas, en descubrir si esa pequeña caja puede cambiar una tarde corriente por una historia para contar. El asunto es saber leer al grupo, a ese mosaico de personajes que se sientan y esperan algo más que diez cartas y un dado.
¿Qué juego elegir según quién se sienta a la mesa?
Ojalá existiera una ruleta mágica, ¿verdad? Pero no, la decisión nacen de las miradas, los viejos piques y ese misterioso equilibrio entre ganas de pensar y ganas de reír. La clave inicial: observar quién está ahí, con esas manos inquietas o esa mirada de “a ver si pierdo pronto y me dejan en paz”. Hay familias que piden tramas veloces y niños pendientes de cada movimiento, estrategas que huelen la victoria a kilómetros y fiesteros que quieren historias absurdas para después contárselas a todo el barrio. Más fácil decirlo que hacerlo. Edad, número de sillas, paciencia… y esa pregunta letal: ¿cuánto aguantará este grupo sin saborear el fracaso? Ni todo tiene que ser cooperativo ni el “sálvese quien pueda” conquista siempre. Es el momento de traducir gustos a reglas.
¿Maratón a lo Eurogame o ronda salvaje donde aplaudir la metedura de pata más ruidosa? Mire el momento, escuche el ambiente y elija. Los perfiles ayudan a no acabar usando los dados en un juego de puntería.
| Tipo de jugador | Género favorito | Un ejemplo brillante |
|---|---|---|
| Familiar | Cooperativo, party, memoria | Dixit |
| Estratega | Eurogame, conquista, gestión | Catán |
| Infantil | Aventura, asociación, educativos | Animal Upon Animal |
| Social | Party, apuestas, preguntas | Time’s Up |
Un apunte de oro: elegir en frío y por perfil es el antídoto contra las largas noches de bostezos fingidos y miradas en el móvil bajo la mesa.
¿Hace falta renovar la estantería de juegos?
Hay quien afirma que basta con dos o tres juegos míticos y asunto resuelto. A otros les tiembla la mano si su colección no crece semana a semana. Pero… ¿y si la respuesta estuviera en alternar clásicos con nuevas locuras recién llegadas? La verdadera chispa la ofrecen esos títulos inesperados: apps, expansiones imposibles, fichas luminosas, retos que ningún abuelo entiende a la primera. Cada caja novedosa inyecta vida y evita que los juegos de toda la vida se fosilicen en el fondo del armario. Que bailen las novedades con los consagrados, que convivan la tradición y la extravagancia; así una tarde cualquiera puede convertirse en anécdota larguísima en la sobremesa.
¿Cuáles son los juegos de mesa que nunca fallan (o casi)?
Hay días en los que solo se pide una cosa: que la partida empiece rápido, sea alegre y permita a todo el mundo brillar sin necesidad de máster en reglamentos. Esas tardes lluviosas o cumpleaños sin plan. Los sospechosos habituales: Ticket to Ride, Carcassonne, Dixit, Codenames, Dobble. Niños y abuelos en la misma mesa, ni insultos, ni miradas de aburrimiento. El secreto es sencillo: reglas claras y risas aseguradas, incluso si viene la prima que solo juega por compromiso.
¿Dónde están los titanes de la estrategia y la rivalidad?
Nada comparable al silencio absoluto que se posa sobre la mesa cuando llega la hora de pensar la jugada perfecta. Algunos buscan adrenalina en la negociación, en la gestión obsesiva de recursos, o en ese descenso a lo desconocido de cada turno. Catán, 7 Wonders, Terraforming Mars, Pandemic Legacy, Root. Aquí la risa se apaga y el cráneo zumba, pero la satisfacción (incluso tras perder) convierte la derrota en deseo de revancha. Eso sí, advertencia: Terraforming Mars exige tardes libres y Root desafía la paciencia de los principiantes. ¿A quién no le ha pasado? Querer empezar y que alguien pida una pausa tras media hoja de reglas.
| Juego | Da lo mejor de sí en… | A mejorar (según muchos) |
|---|---|---|
| Catán | Simplicidad, rejugabilidad, actualidad | Mejor evitarlo con solo dos personas |
| Terraforming Mars | Profundidad, engancha a fondo | Partidas largas y muy exigentes |
| Root | Originalidad, interacción constante | Requiere varias partidas para enganchar |
¿Seguro que basta con una sola partida? Lo difícil siempre es parar.
¿Clásicos de la infancia o reliquias familiares?
¿Le ha tocado enseñar a su sobrina a jugar al Parchís? ¿O recordar a su madre quién era el coronel Mustard en Cluedo? Es imposible librarse del encanto –y las broncas– de Monopoly, Trivial, Ajedrez. Legado y aprendizaje asegurados. Cambiar de registro entre novedad y clásico no solo mantiene despierto el interés, sino la tradición de discutir reglas hasta la madrugada.
¿Cómo elegir, cuidar y comprar juegos de mesa sin perder la cabeza?
No hay peor pecado que dejarse llevar por la portada espectacular o por “el más vendido del mes”. Mejor respirarlo bien: ¿quién asistirá, cuánto aguanta la atención, qué juego ya está prohibido por exceso de uso? Tomar la decisión pensando en el grupo ahorra decepciones y convierte la compra en apuesta segura.
¿Por internet o en la tienda de toda la vida?
Hay quien solo compra en la tienda del barrio, otros prefieren la comodidad de un par de clics. El mundo de Ludus, Zacatrus o JugarXJugar abre las puertas a expertos y principiantes; Amazon y El Corte Inglés ofrecen variedad para perder el norte. La oferta es tan vasta que las dudas forman parte del camino. Comparar, filtrar y leer reseñas ayuda a evitar males mayores, así el juego perfecto no acaba acumulando polvo en el trastero.
¿Y si un juego se desgasta, pierde piezas o envejece?
Cada vez que se devuelve el juego a su caja original, se coloca una funda a las cartas o se limpian las fichas con mimo, se está celebrando una pequeña ceremonia. Un juego bien cuidado es una cápsula de historias listas para revivir, con manchas de tortilla de patata como medalla. Tragedia perder una pieza, pero siempre existe algún repuesto, la imaginación o la pieza improvisada de otro tablero.
¿Dudas comunes ante el universo lúdico?
¿Es mejor comprar para dos personas, vale la pena apostar por ediciones digitales, cuáles no dejan de agotarse? Las respuestas, entre foros, canales y la experiencia de quienes se equivocaron antes (y lo contaron con humor). Nadie nace sabiendo cuántos meeples caben en la caja, pero a los tropezones se aprende.
¿Cómo lograr que cada partida sea un festín?
Hay tardes donde el grupo pide cambio de ritmo, intercalar locuras sencillas con partidas de pensar mucho. Otros días basta con alternar, inventar nuevas reglas o dejar la elección en manos del que nunca gana. Esa pizca de caos es muchas veces la mejor receta. Sea como sea, lo inesperado ayuda a mantener la ilusión.
- Probar juegos rápidos entre dos rondas largas
- Rotar quién explica las reglas, ¡así se evitan debates eternos!
- Dejar espacio para bromas y errores, que el ambiente no se tense
- Regalarse un “bonus” con ese juego olvidado en la estantería
¿Resultados cuando enseñar juegos parece imposible?
Un manual de reglas y miradas desesperadas en la primera página, el clásico pánico del nuevo. Sin embargo, un tutorial rápido en Youtube, algunas partidas de prueba y un poco de paciencia obran milagros. Los miedos se disipan, las ganas de jugar se multiplican y, si se pierde, siempre se puede culpar al azar. El verdadero reto suele estar en comenzar.
¿Merece la pena llevar la colección al infinito?
Hay quien dice que nunca es suficiente. Las ferias de juegos traen títulos desconocidos, surgen foros con recomendaciones insólitas y, de repente, una pequeña caja cambia para siempre la rutina del grupo. Entrar en contacto con comunidades revela joyas ocultas y dispara el asombro. La única norma: mantener la pasión, sumar variedad y no temerle a una colección (casi) interminable.
Cada caja es una posibilidad. Entre risas, desafíos, discusiones técnicas o paréntesis de pura diversión… todo está por jugarse.


